martes, 25 de mayo de 2021

LAS INQUIETANTES ELECCIONES DE LOS LECTORES (EN FORMACIÓN), por Roberto Sotelo

Artículo publicado en el Catálogo para bibliotecarios, docentes y especialistas 2013-2014 del colectivo editorial “Libros para atesorar” (Buenos Aires, marzo de 2013).

Biblioteca Juanito Laguna. Visita de la Escuela Nº 1 DE 3 (C.A.B.A., 2013)

“—¿Qué clase de libro te gustaría leer ahora? —preguntó (la señora Phelps, la bibliotecaria).
—Me gustaría uno bueno de verdad…
—Prueba con éste —dijo finalmente—. (…) Y no te preocupes de las cosas que no entiendas. Deja que te envuelvan las palabras, como la música.”

Roald Dahl. Matilda.

Cuando coordinaba una biblioteca infantil, llegaron una pequeña de 7 años y su mamá, quien me explicó: “Quiero asociarla a la biblioteca. Lee muy bien y quiero que lleve libros a casa.”

Las acompañé a las estanterías para enseñarles algunos libros y así conocer sus preferencias. La nena se adelantó y abalanzándose sobre las historietas, exclamó: “¡Uyyy! ¡Mafaldas! ¡Estas quiero llevar, mami!”.

La madre intervino rápidamente: “¡Pero no! ¡Eso no!”. Manoteó un libro gordo del estante y se lo ofreció a su hija: “Tenés que llevar libros más largos; —y refiriéndose a las Mafaldas que tenía la nena— eso lo leés enseguida”.

La pequeña, aferrada a su elección, le contestó: “¡Ufa, ma! ¡¿Quién es la que va a leer?! ¡¿Vos o yo?!”.

Este cortocircuito entre dos partes muy interesadas en la lectura me lleva a reflexionar sobre el rol que jugamos los adultos como mediadores. Anhelamos que los niños lean, que lleguen a convertirse en lectores. Pero debemos ser muy cuidadosos de que ese anhelo no se convierta en imposición. Acompañar a un niño en su formación como lector es ayudarle a encontrar un camino, sin escoger ni elegir en su nombre; es poder aconsejarle y orientarlo cuando lo requiera. Y es también estar a su lado para compartir sus descubrimientos y elecciones.

En todo niño que transita hacia una autononía como lector, que desea elegir sus propias lecturas, hay siempre una avidez frente a la diversidad que le proponen las estanterías de una biblioteca o de una librería.

Hay chicos que eligen leer únicamente narrativa, otros que solo leen historietas, algunos que prefieren los libros de información… Este interés exclusivo por un tipo de libro a veces se acentúa: he visto niños que durante largo tiempo solo leen las series de Tintín o Asterix, y un día, hacen un clic y piden una novela. Algo parecido sucede con los libros de información: leen todo lo que encuentran sobre máquinas (o sobre animales) hasta que en algún momento pasan a la ficción.

He presenciado otros episodios similares al de la anécdota que relaté al comienzo, siempre entre niños y adultos en situaciones de lectura. En todos se reflejaba una tensión entre los intereses de un niño transitando sus primeras incursiones autónomas en el universo bibliográfico, y un adulto que mediaba entre aquel y los libros.

Taller de Lectura "Donde viven los libros" (Centro "La Chispa", Villa Soldati, C.A.B.A., 2008)

 Suelo registrar que muchos adultos mediadores privilegian o valorizan un determinado tipo de lecturas —en detrimento de otras— para considerar que un niño va por “buen camino” en su formación como lector. Para ellos, ciertos géneros gozan de prestigio para etiquetar de “mejor lector” a quien los frecuenta. La mamá de la anécdota no valoraba el interés de su hija por leer historietas sino que intercedía a favor de un género narrativo (cuentos, novelas,...).

Resulta interesante observar las situaciones que se establecen cuando un grupo de niños (un grado escolar, por ejemplo) visita por primera vez una biblioteca con la posibilidad de libre acceso a las estanterías: unos sacan libros de cuentos, otros hojean una novela, algunos van directamente a las historietas, o se zambullen en los libros-juego (los de la serie ¿Dónde está Wally? son los más conocidos pero hay otros que presentan variados tipos de propuestas lúdicas mediante juegos de observación, búsqueda y lectura) y están los que se dirigen a los libros de información. En síntesis, creo que para el lector infantil no hay un género más o menos importante que otro a la hora de disfrutar un libro.

Pero ¿qué pasa con los adultos mediadores?, ¿por qué generalmente privilegian la ficción y "lo literario" a la hora de recomendar un libro?

Me animaría a hacer una escala de expectativas de lo que un adulto espera que un chico elija a la hora de leer:

1.    Novela
2.    Cuento
3.    Poesía
4.    Libro de información
5.    Historieta
6.    Libro-juego

Por experiencia, he notado que los niños invierten el orden y eligen comenzando por el punto 6. Y así aparecen los mecanismos de disuasión (en muchos casos de presión) del adulto: “¿Pero eso vas a leer?, ¿por qué no lees algo más largo?, ¿no preferís otra cosa".

A partir de esa tensión de intereses, los adultos tienen la oportunidad de generar un encuentro entre niños y libros. Pero para ello se hará necesario dejar hablar a los chicos, escucharlos, observar cómo establecen relación con los libros. Ellos nos van a dar la clave más importante: qué libros tienen ganas de leer... de mirar... o solo de hojear. Con esos libros van a iniciar un buen desarrollo de su formación como lectores. Con los libros que ellos tomen del estante porque se sintieron atraídos por la tapa, por el título o por sus ilustraciones: libros de cuentos, libros de imágenes, historietas, libros-juego, libros de información, revistas...

Visita del Jardín Comunitario Barracas "Una y otra vez" a la Biblioteca Juanito Laguna (C.A.B.A., 2012)

 Tomo palabras de la especialista Jacqueline Kerguéno: "Todo depende de la manera de hacer. El guía acompaña al escalador, no le impide ascender. ¿Ha de escoger su itinerario? Sí, pero sólo para evitarle los escollos menos deseables. Y no es asunto suyo hacerle amar la excursión, ni decidir cuáles son los paisajes más bonitos. Ayudar a un niño a ser lector, es ayudarle a encontrar su camino, entre la selva de libros, sin escoger en su nombre. Y no importa que escoja algunos títulos que no nos gusten a nosotros. Es necesario que descubra lo que le gusta a él, lo que prefiere, lo que no le convence. Que un niño no acabe un libro no es, forzosamente, una prueba de inconstancia o un gesto de pereza. Quizás ha notado que ese libro no le iba y que más valía buscarse otro. Así es como aprende a seleccionar lo que necesita, en un mundo donde abunda lo escrito" (*).

¿Y los otros libros? ¿Y aquella novela tan importante? ¿Y aquel autor tan renombrado? ¿Y aquel libro de cuentos tan apropiado? ¿Y los clásicos...? Ya vendrán. Seguro que también habrá tiempo y lugar para esos libros que los adultos queremos que los chicos lean. Pero habrá que saber esperar la ocasión para tender la red y dejar que se sientan atraídos por ella. El instante en que nos dejarán leerles (o contarles) un capítulo (o un párrafo) y así encenderles el cosquilleo interno que los lleve a continuar la lectura por sí mismos.

Taller "Donde Viven los Libros" en Plaza Matheu (La Boca, C.A.B.A., 2019)
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(*) Kerguéno, Jacqueline. "Ayudar al niño a convertirse en lector". En CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil). Año 1, N° 1, Barcelona, diciembre de 1988; p. 87-88.